Los propietarios de la urbanización Breñamar viven un auténtico calvario. Sus viviendas sufren riesgo de derrumbe y se han tenido que llevar a cabo obras de rehabilitación, que actualmente están paralizadas. Necesitan el desalojo total del complejo para continuar. Esto ha generado un conflicto entre vecinos: los que han sido desalojados voluntariamente y los que se niegan a abandonar sus casas.

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